40 días y una ilusión


Le tomo prestada esta foto a mi amigo Jorge Ponce. Qué mejor imagen que ésta para ilustrar este día, este miércoles marcado en color grisaceo en nuestro calendario que pone nuestro reloj en una marcha atrás imparable que desembocará en el día más grande del año. El día de Él. Nuestro día.

Son sólo cuarenta los que nos faltan para volver a vivir nuestra ilusión. Aquella que ya el 29 de marzo de 2010 teníamos clavada en la cabeza e incluso nos angustiaba por lo lejos que nos volvía a quedar un año más.

Han pasado bastante más de trescientos días y ya está calentando la locomotora. La sensación puede parecer la misma de siempre, por que cada año aflora el afán de superación. Este año se nota más, pero segura y afortunadamente menos que el año que viene.

No hace ni una semana de esa histórica igualá que aún paladeamos. Hemos sido capaces de no perder el norte al acostumbrarnos a hacer historia en este mundo en nuestra ciudad.

Nuestros valores son los mismos pero mejorados y aquí ya no cabe el que no los comprenda. Cada día somos más y cada día somos mejores y más comprometidos. Y el ingrediente fundamental para esto es que los que están no sólo quieren estar, sino que además sienten el enorme privilegio que significa el mero hecho de estar.

No han pasado tantos años desde que no se veía la luz bajo el mastodóntico paso que tallara Sanromán. Por suerte, no quedan demasiados que aún recuerden el Domingo de Ramos como un día para sufrir. Y no porque no queden de los antiguos, claves sin duda en la evolución de nuestra cuadrilla, sino porque hace tantos años que eso se extinguió que la mayoría de nuestros costaleros ni siquiera lo ha conocido.

Ya están echando humo nuestros emails, nuestros tuentis, twitters o facebooks, nuestros sms`s... Nuestro cuartel general está en momentos de afluencia máxima, no hay dos que se junten y no se paren un rato a charlar del tema...

Apenas quedan un puñado de horas para que se repita el rito. Para que esa parihuela grisácea tome las calles del centro de la ciudad y nosotros, con nuestro trabajo, volvamos a decir de esa forma silenciosa y tan peculiar, tan única, que "esto es así".

Cualquier excusa es buena ya para vernos, reunirnos y soñar todos juntos con una levantá, un trabajo minucioso, una Marcha Real, una vuelta acompasada, Este es mi Cuerpo y el Señor en la calle...

Y nosotros debajo. Y los capitanes de la nave siempre con nosotros. Y que sea por muchos años.

¡¡ROMPE LA CENA!!

Se os quiere.

Recordad, esto es lo más grande del mundo, y nada ni nadie puede con nosotros.

Saludos

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