
Al fin y al cabo, todos somos unos españolitos de pro, y así se demuestra cada vez que nuestra selección intenta hacer algo en una cita de nivel internacional.
Y como españolito que uno es, la superstición y el fútbol van de la mano. Así, igual que en la gloriosa Eurocopa de 2008 no me he atrevido a escribir sobre el presente Mundial hasta que la selección se metiera en semifinales, lo nunca visto.
Asimismo, confieso que veo los partidos con la misma indumentaria con los que vi los de la Eurocopa, e incluso la última final de Champions del FC Barcelona. Chanclas marrones, pantalón corto azul y camiseta oficial del equipo que sea, que en este caso es la segunda camiseta azul marino tan bonita que ha diseñado ADIDAS para este Mundial. Además, me da apuro afeitarme porque un día pensé en que no lo haría hasta que España no fuera eliminada y confieso, aunque no cuento por si acaso, que otra de mis supersticiones me falló el pasado sábado.
Todo esto parece absurdo cuando la camiseta roja se la enfundan unos futbolistas que forman un grupo excepcional, único, y bajo mi punto de vista muy superior al que brillantemente campeonó en Viena hace ahora poco más de dos años. Y es que las incorporaciones desde entonces mejoran no solo el once titular sino también un banquillo con muchísimas alternativas.
Llegados a este punto, confío como lo he hecho durante todo el Mundial en una selección que en algún momento tiene que demostrar todo su nivel y en el que está jugando el mejor de la competición, un tal David Villa.
Ahora, cuando uno ha vivido en pocos años cosas que parecían impensables en esto del fútbol (competiciones europeas para el Sevilla, el sexteto del Barça, el ascenso del Almería, la Eurocopa de España...) no queda otra que confíar en vivir, disfrutar y guardar en la hemeroteca particular de cada uno, para contarle a los nietos, una España campeona del Mundo.
Que se dice pronto...
Un Saludo
Y como españolito que uno es, la superstición y el fútbol van de la mano. Así, igual que en la gloriosa Eurocopa de 2008 no me he atrevido a escribir sobre el presente Mundial hasta que la selección se metiera en semifinales, lo nunca visto.
Asimismo, confieso que veo los partidos con la misma indumentaria con los que vi los de la Eurocopa, e incluso la última final de Champions del FC Barcelona. Chanclas marrones, pantalón corto azul y camiseta oficial del equipo que sea, que en este caso es la segunda camiseta azul marino tan bonita que ha diseñado ADIDAS para este Mundial. Además, me da apuro afeitarme porque un día pensé en que no lo haría hasta que España no fuera eliminada y confieso, aunque no cuento por si acaso, que otra de mis supersticiones me falló el pasado sábado.
Todo esto parece absurdo cuando la camiseta roja se la enfundan unos futbolistas que forman un grupo excepcional, único, y bajo mi punto de vista muy superior al que brillantemente campeonó en Viena hace ahora poco más de dos años. Y es que las incorporaciones desde entonces mejoran no solo el once titular sino también un banquillo con muchísimas alternativas.
Llegados a este punto, confío como lo he hecho durante todo el Mundial en una selección que en algún momento tiene que demostrar todo su nivel y en el que está jugando el mejor de la competición, un tal David Villa.
Ahora, cuando uno ha vivido en pocos años cosas que parecían impensables en esto del fútbol (competiciones europeas para el Sevilla, el sexteto del Barça, el ascenso del Almería, la Eurocopa de España...) no queda otra que confíar en vivir, disfrutar y guardar en la hemeroteca particular de cada uno, para contarle a los nietos, una España campeona del Mundo.
Que se dice pronto...
Un Saludo
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